theme/images/cabezal.jpg
¿Qué es un Emprendimiento Completamente Sostenible? Es posible y es ampliamente beneficioso integrar desarrollo y conservación.

El desarrollo sostenible y la conservación son 2 caras de la misma moneda. Proyectos costeros en Rocha y Maldonado podrían no estar cumpliendo esta premisa largamente consensuada.

Fecha de publicación: 30 noviembre, 2008

La sostenibilidad se está convirtiendo en una estrategia de negocio crítica, impulsada por una convergencia de factores, tales como el aumento de las regulaciones y exigencias, las expectativas de clientes, avances de la competencia, requisitos de los socios en la cadena de valor, protección del valor de la marca y la gestión global de riesgos.

Las sociedades líderes han comenzado a impulsar y agregar valor ampliando la definición hacia la “empresa sostenible” e implementando prácticas de responsabilidad social y ambiental interligadas.

La sostenibilidad bien enfocada se puede constituir en un impulsor significativo del valor de la empresa y debe generar valor económico para evolucionar desde una especialidad ecológica a un motor de crecimiento establecido. La “Empresa Completamente Sostenible” ECS (definida por Deloitte Touche Tomatsu) es aquella institución o entidad que genera cada vez más valor para las partes interesadas mediante la aplicación de prácticas sostenibles en la base de las actividades: los productos y servicios, la fuerza laboral, el lugar de trabajo, las funciones o procesos y la gestión directiva o ejecutiva.

Las sociedades que desarrollen la capacidad de llevar a cabo una “transformación sostenible” ganarán una enorme ventaja competitiva. Las empresas que no inviertan en ello, correrán el riesgo de quedar comprometidas o eliminadas si el efecto de la sostenibilidad genera los cambios esperados en las decisiones de compra de clientes y su valoración en el mercado.

Una breve historia sobre la “transformación en las empresas sostenibles”

La “Cumbre de la Tierra” sin lugar a dudas fue un hito histórico que marcó el nuevo rumbo mundial, cuando más de 180 líderes de los sectores público y privado analizaron la necesidad de un desarrollo ambiental sostenible produciendo como resultado la Declaración de Río y un plan de acción estratégico: la Agenda 21.

Siguiendo este ejemplo, en EEUU durante 1993 bajo la presidencia de Bill Clinton y seguramente influido por su vicepresidente Al Gore se estableció una agenda nacional de desarrollo sostenible; en 1995 la OMC reconoció formalmente los enlaces entre comercio-desarrollo-medio ambiente; en 1996 se lanzó la norma de gestión ambiental ISO 14001; y en 1999 se lanzó el primer índice global de sostenibilidad: “Grupos de Sostenibilidad de Dow Jones” que sirve de guía para inversionistas en empresas que se adhieren al desarrollo sostenible.

En el nuevo milenio, reconociendo los escasos avances, la Cumbre del Milenio de la ONU estableció en el 2000 objetivos concretos para cada país y, en 2002 la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (Sudáfrica) enfocó la integración de los temas económicos y de patrimonio, y finalmente se definió la “Acción Empresarial para el Desarrollo Sostenible”.

Desde fines de los años noventa casi 2000 grandes empresas líderes de las sostenibilidad, han impulsado cambios culturales y han enviado el mensaje de que la sostenibilidad es una prioridad, como ser las corporaciones General Electric, Du Pont, Wal-Mart, Ben and Jerry´s, etc. Así se demuestra que se puede crear valor para los accionistas mientras se entrega al mismo tiempo un beneficio ecológico y social.

Las corporaciones están usando herramientas y prácticas sostenibles como ser: análisis de ciclos de vida, ecología industrial, neutralización del carbono, gestión global de la energía, mínima huella ecológica local y global, diseño de edificios verdes y la gestión de inversionistas social y ambientalmente responsables.

Las creencias y valores del movimiento verde reflejan a menudo el conflicto con los valores percibidos y representados por las empresas globales. Durante la mayor parte de la historia las fuerzas “verdes” y las de los “grandes negocios” han estado en conflicto sin alcanzar resultados para ninguno, más bien pérdidas para ambos. Sin embargo, se ha demostrado últimamente que cuando colaboran unas con otras, las empresas del sector privado (por más grande que sean) y las organizaciones ecologistas, tienen un efecto muy positivo, que resulta mucho mayor que la suma de sus partes.

Las herramientas de sostenibilidad poseen diferentes grados de éxito y no deben estar enfocadas únicamente en el mundo de los negocios pues poseen una aplicabilidad limitada básicamente por 3 razones:

• Si son impulsadas por las prioridades ecológicas o ambientales, limita la longevidad de dichos esfuerzos ya que las prioridades a corto plazo de la empresa pueden estar en conflicto con las prioridades a largo plazo.
• El alcance o aplicación no debe limitarse a áreas específicas en la actividad comercial (p. ej: disposición final de residuos), ya que los beneficios potenciales de una larga lista de esfuerzos diferenciados pero no coordinados, pueden estar limitados. Las grandes ideas no se expanden más allá de su marco inicial y las ideas malas se intentan una y otra vez porque no se aprenden sus lecciones y, se pierden las sinergias potenciales (de escala, coordinación y beneficios imprevistos).
• Cuando las prácticas “verdes” se implementan independientes del costo subyacente, como algo politizado, en vez de plantearse que la práctica sostenible y la sensibilidad ambiental deben ser imperativos morales y éticos (hasta quizá espirituales). La premisa es que el valor para los accionistas impulsará la serie correcta de acciones, las que, por naturaleza propia lograrán mejorar los resultados sociales y ambientales.

CONTINUARÁ——

Última modificación: 30 de noviembre de 2008 a las 21:54

Hay 0 comentarios

captcha